Libro digital, retos y perspectivas

El pasado miércoles 9 de septiembre compartí con la recurrente audiencia de Tercer Escalón, un webinar que llevó por título “Libro digital: retos y perspectivas”. Para fines de esta presentación indagué sobre las estadísticas del sector editorial en México y Latinoamérica. Lo que encontré, lo esperaba, pero aun así no dejó de sorprenderme: el sector editorial viene reduciendo su tamaño desde hace tanto tiempo que la tendencia parece irreversible.

Tan solo en el segundo trimestre de este complejo 2020, México dejó de vender más de 5 millones de títulos derivado del cierre parcial de librerías por la pandemia. Decenas de ferias de libros se han cancelado y las opciones virtuales están lejos de consolidarse en el gusto del consumidor. Tampoco hay evidencia que estas versiones novedosas logren compensar las ventas que ocurren en los eventos presenciales.

Y a unos meses de concluir el año e iniciar formalmente la tercera década del siglo, el libro electrónico o digital siguen sin sustituir al libro impreso. A diferencia de otros productos culturales como la música o el cine, el sector editorial no ha logrado transformarse digitalmente de manera consistente.

Por esfuerzo, sin embargo, no puede criticársele. El libro es un bicho raro. Su compra y su uso tienen muchas aristas difíciles de comprender y analizar. Como escribió Pablo Rodríguez Canfranc en “¿Por qué no ha triunfado el libro electrónico?”: “El libro –más que ningún otro vehículo cultural- tiene un carácter de objeto fetiche que influye en el deseo de poseerlo”.

Las editoriales han puesto todo su esfuerzo para crear un producto, en mi opinión, más completo que la versión de papel. Los libros digitales permiten guardar notas, ampliar el tamaño de la letra, tienen contenido adicional o enriquecido, son portables, por su modelo de distribución más directo son más accesible en precio. 

El sector editorial, según cifras de la Cerlalc, sigue dependiendo por ejemplo de las compras del gobierno (en Brasil ascienden hasta el 25% de las ventas anuales y en México representan más del 10%), fiscalmente tiene trato preferencial con exención de IVA en buena parte del mundo. Y sin embargo… el libro digital no despega y el sector no logra detener su "adelgazamiento". En el contexto de la pandemia la crisis se profundizó pues la disminución de ventas en algunos mercados alcanzó hasta el 80%.

La Unión Internacional de Editores se reunió y propuso una serie de lineamientos para apoyar la sobrevivencia de libreros y editores. En resumen, piden (más) trato preferencial para pago de alquileres, más dinero para financiar producción, apoyo para promover campañas de lectura y coordinación para intensificar el combate a la piratería.

Con estos datos, lo único certero es que la transformación del sector no se ha dado como se esperaba. Los comportamientos de otros productos culturales en su versión digital han logrado romper las barreras de la tecnología, pero el libro no. El libro es diferente. El tamaño del mercado editorial se sigue contrayendo por distintas razones y todas parecen no tener “vuelta atrás”.

La propuesta del webinar (comparto presentación) es dejar de ver el sector editorial como la venta de libros y modificar el énfasis en la lectura. Manuel Rodríguez, actual ministro de cultura y deporte de España dijo hace poco, “la lectura es un asunto de país”. A unos meses de empezar a vivir la tercera década del siglo, el sector, eje fundamental de la gestión del conocimiento y desarrollo cognitivo de la sociedad y fuente de inspiración de todas esas películas y documentales que disfrutamos desde el hábito consumado de plataformas como Netflix, debe pensar en evaluar los niveles de lectura y no tanto en la venta de libros. Es una sugerencia. Insistir en medir el éxito en la venta de ejemplares impresos o digitales, parece, a estas alturas, un poco obstinado.